Es algo evidente que estamos hoy ante una crisis grave y generalizada de la transmisión de la fe en nuestra sociedad, sobre todo por lo que se refiere al campo tradicional y privilegiado de actividad catequética: el proceso de iniciación cristiana de niños y adolescentes. De ahí que se invoque la necesidad de un “nuevo paradigma” catequético, de una renovada configuración de la catequesis, si se quiere responder a los nuevos retos que el mundo actual lanza a la acción pastoral de la Iglesia. Para construir ese «nuevo paradigma» catequético» tenemos que repensar hoy la identidad y las tareas de la catequesis. En la situación actual multicultural y multirreligiosa, una catequesis de la propuesta debe subrayar la singularidad y la originalidad cristiana de modo que permita a cada cual situarse y constituirse como sujeto creyente. La catequesis se presenta ante todo como “propuesta”, lejos por tanto de cualquier forma manifiesta o camuflada de imposición, mientras que, por otra parte, se preocupa por ofrecer el núcleo original de la experiencia cristiana. La propuesta catequética no debe ser entendida en único sentido, sino que debe implicar a todos los participantes en un clima de encuentro y de diálogo. Por otra parte, esta “catequesis de la proposición”, en la medida que adquiere connotaciones de un verdadero y propio “primer anuncio”, requiere que se clarifique y se precise la distinción y complementariedad entre evangelización y catequesis. La propuesta no debe realizarse a expensas de la legítima pluralidad de modelos catequísticos y que no se excluye la posibilidad y la conveniencia de una catequesis “d’entretien”, allí donde sea posible, y el valor de un auténtico proceso de maduración en la fe (“catéchèse de cheminement”). Más que de “propuesta”, habría que hablar de “propuestas”, en plural, (“catequesis de las proposiciones”), con respecto a las diversas edades, a las diferentes condiciones existenciales de los sujetos y a los diversos contextos culturales en los que se trabaja. En esta hipótesis se da la primacía – decididamente- al mundo de los adultos, pero sin descuidar las otras edades y manteniéndose especialmente abierto a experiencias intergeneracionales. La realización de esta nueva modalidad catequética no se improvisa: requiere una verdadera conversión y una actitud de disponibilidad para dejarse evangelizar así como un gran respeto a la alteridad de las personas con las que se trabaja. Hacia una catequesis más litúrgica Una catequesis de la propuesta debe ser capaz de hacer gustar, probar y experimentar el misterio pascual y esto requiere una articulación más orgánica entre catequesis y liturgia”. Se asigna a la catequesis la tarea de fomentar la experiencia vivida de la singularidad cristiana. En cuanto tal, no se trata tanto de exponerla o de enseñarla, sino de procurar su gusto y por eso se piensa que la liturgia, en cuanto celebración y experiencia del misterio pascual, deba ser su espacio privilegiado. Se pide, por tanto, una articulación más esmerada entre catequesis y liturgia, explicitando sus consecuencias para la catequesis. Se subraya con claridad el específico valor catequético de la liturgia: no sólo antes, sino dentro y a través de la celebración litúrgica debe tener lugar un proceso catequístico permanente: catequesis “por inmersión”. Por medio de la liturgia la catequesis se presenta, no sólo como simple prolegómeno, sino como una verdadera función biológica de la Iglesia. Todo esto requiere, evidentemente, que la liturgia se celebre con verdad y coherencia para que sea un medio privilegiado de re-educación del hombre contemporáneo en tres “articulaciones” actualmente problemáticas: las articulaciones cósmica, histórica y social. Se puede hablar concretamente de “liturgia catequizante” y de renovada articulación entre catequesis y liturgia, pero sin caer en los excesos de una absolutización pan-liturgista o en una idealización retórica. La hipótesis propuesta es aceptable, pero con tal que se respeten las distintas dimensiones de la experiencia cristiana. Después, de cara a la concreta realización de todo lo propuesto, se indicaron tres ámbitos de experimentación y trabajo: la comunidad (que debe repensar las modalidades y condiciones factibles hoy), la pluralidad de expresiones litúrgicas (superar el actual monopolio de la eucaristía) y la reflexión sobre la función simbólica, hoy día en peligro de extinción.
ISCA
El ISCA es un instituto superior nacional de catequética cuya finalidad se inscribe en el ámbito de la investigación y de la formación de formadores. Por eso asume la preparación de los que van a ejercer la responsabilidad de la animación, coordinación, conducción y/o formación en la catequesis a nivel diocesano, regional y nacional, en las casas de formación del clero y en el ámbito de las congregaciones religiosas.
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